La Cena de los Sentidos

¡O casi todos los sentidos!

Lo que no me podía imaginar cuando una de las tres piezas me invitó a “una cena muy especial” es que cenaría sin ver o dicho de otra manera, que disfrutaría de una experiencia sensorial sin contar con mi sentido de la vista.

Me considero curiosa pero me he dado cuenta de que soy fácil de engañar, si una de las piezas me dice que tengo que estar en el Restaurante Pedro Larumbe de Madrid a las 21h y me pide por favor que no llegue tarde, ahí me planto y además trato de ser puntual! 🙂

Pues bien, ahí estaba yo sin mucha información con una copita de vino, dispuesta a disfrutar y poniéndome hasta arriba de jamón y queso. Todo iba bien hasta que uno de los organizadores, Javier, nos pide silencio y nos llama por nuestro nombre, al acercarnos nos entrega un antifaz, miro de reojo a la otra pieza, más suelta que nunca y se sonríe, uy uy uyyyyy, unas manos me guían a través de una cortina.

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A partir de ahí estoy segura de que cada uno de los invitados sentimos cosas distintas, al principio me sentía perdida, no sabía qué iba a suceder, pero después confié, me dejé llevar y me entregué a la oscuridad, comencé a recibir mensajes, olores, a escuchar música e historias bonitas y comencé a sentir.

“Tus dedos son tus ojos” me susurraban continuamente al oído.

Me gustaría guardar el secreto y no desvelarte la experiencia completa, porque me gustaría que la probaras, pero te puedo asegurar que pasé por un montón de estados, felicidad, tristeza, miedo, alegría, sorpresa… y además volé, bailé, olí, toqué…

Disfruté tanto que cuando me guiaron de camino a la sala de donde partió esta experiencia, quise haber permanecido más tiempo dentro.

Agradezco a nuestra pieza, experta en gastronomía y otras muchísimas cosas, por enseñarme tanto a lo largo de estos muchos años, que honor tenerla a mi lado señores y señoras.

“La Calidad nunca es un accidente, es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia” John Rusk

Celebrar un cumpleaños tardío, la excusa perfecta para conseguir que una de las piezas acepte una invitación sin preguntar nada más.

El mensaje con el que nos encontramos al llegar nos decía mucho de lo que íbamos a experimentar: “Los colores están en los sonidos”. Y la noche no nos defraudó…la oscuridad se apoderó de nosotras en una velada en la que nos faltaron minutos para seguir disfrutando, porque no queríamos que terminara.
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Si la luz no estaba presente, fueron la percepción de las sensaciones del resto de los sentidos las que nos acompañaron.Nos dieron la oportunidad de ser las primeras en entrar en este nuevo mundo, el resto estaba por llegar, y lo disfrutamos dejándonos llevar.
Los colores los percibimos a través de la sensación de las yemas de los dedos, tocando todo lo que nos rodeaba: el frío del cristal y los líquidos que contenía, la suavidad y rugosidad del mantel, de los platos, de la mesa. Se fueron sucediendo experiencias a través de diferentes texturas, primero en las manos y luego en la boca, disfrutamos de los olores, de los sonidos que se producían en cada bocado. Logramos no pronunciar palabra en casi toda la noche, tan solo nos resistimos a compartir en voz alta momentos inesperados. Escuchamos música y ritmos muy diversos, bailamos solas y acompañadas, nos sentimos libres al tocar y experimentar con lo que nos rodeaba, y lo más importante, nos dejamos guiar.
Una experiencia nueva, diferente, que no pasa desapercibida, que te acompaña y te da fuerza para continuar compartiendo el verdadero sentido de la vida.
¡No pude tener mejor compañía!
 

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