Santander, viaje de ida y vuelta

Este viaje cuenta más de una historia. En él se une la amistad de dos amigas del alma, la sorpresa de una madre a su hijo, y unos días de vacaciones disfrutando de la gastronomía cántabra en buena compañía.

El destino: Santander,  y el trayecto, como las vidas de tres mujeres de diferentes edades y con distintas historias de vida, en las que este destino tenía mucho que ofrecer o ellas mucho que dar…El trayecto inicia con unas galletas de super abuela de la marca Paul & Pippa que nos dan fuerzas para el viaje.

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Parada y fonda en el Castillo en Olmillos de Sasamón que nos abrió las puertas para deleitarnos con una tradicional sopa castellana.

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Entre risas y cánticos se hace eco del refrán, “mañanita de niebla, tarde de paseo”. Después de la entrega del paquete mágico a su destino, la llegada a Le Petite Boutique Hotel nos permite recorrer en un mismo espacio ciudades como Tokyo donde la abuela siempre quiso viajar, Namibia, Nueva York o Paris donde decidimos pasar la noche.

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Entre detalles de sustentos singulares nos deleitamos con un menú degustación en el Restaurante del recientemente nominado cocinero revelación Rodrigo Vallejo, El Gran Cru. El vino de Cantabria Yenda, y unos cuadros singulares realizados con corchos de las botellas del Restaurante del artista Vicente García son la estampa de una cocina vista con un cocinero Japonés. Entrantes de foie y manzana, pulpo en texturas, canelones que hicieron famosos a El Bulli, Tuca, un pescado con textura de bacalao y sabor a cabracho o salmonete, dulces no tan dulces.

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Mañana de paseos por el mercado y reencuentros con el restaurante Deluz como uno de los lugares que se dibuja un espacio en el que aprender y evadirnos del mundanal ruido.

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Entre sollozos de lluvia y atisbos de mejoría, pasan las horas frente al balcón que tantas veces ha visto amanecer y ponerse el sol en El Sardinero.

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En este viaje fugaz no pueden faltar las alegorías a las múltiples utilidades de un simple objeto como es el gorro de baño, un desayuno casi con diamantes, la visita a amigos del alma y la vuelta a la cotidianeidad que hace que relativicemos todo. Por la mañanas las naranjas y los sobaos pasiegos nos recuerdan que la vida va mucho más rápido de lo que pensamos, y que hay que demostrarle a las personas que queremos cuanto nos importan.

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